Algo que viví

The 9.99 Gallery tiene el honor de volver a presentar el trabajo de la artista Isabel Ruiz, esta vez en el Project Room. Se trata de “Algo que viví”: una selección de obra gráfica de distintos períodos de su producción.

 

En los años ochenta, fue con el grabado que Isabel comenzó sus estudios en arte en la Universidad Popular; y después también trabajó la pintura y el performance. Sin embargo, ella nunca ha dejado de llamarse a sí misma dibujante, pues del grabado, lo que más le interesa es, justamente, el primer boceto, el dibujo, ese esbozo que captura la primera emoción, la primera idea. Cada uno de sus trabajos responde a algo que ha vivido, especialmente a los sucesos de desgracia y dolor de su época, por lo que cada pieza es un refugio en el que Isabel se abre, se sincera, para encontrar sanación y un espacio de catarsis. “Toda mi obra trata sobre sacarle estética al horror”, menciona la artista.

 

En obras como “Te espero” y “Se me hizo tarde” (2010), de la serie Fluídos Urbanos, se nos aclara mucho más esta obsesión de la artista con la gráfica y con la realidad social del país, pues su obra por más poética y personal que se conciba, nunca se aleja de ser crítica. Un diálogo interesante que crea paralelos con la producción de la artista mexicana Teresa Margolles.

 

Estas dos obras parten de escenas de asesinatos de choferes de buses en la Ciudad de Guatemala, que Isabel encontró en fotografías de periódicos y en la televisión. De estas imágenes, lo que rescata es el derramamiento de sangre que se extiende por las escenas. Ella los vio como dibujos. Estos después se convirtieron en trazos sobre un lienzo, como abstracciones gráficas de una escena violenta y cínica.

 

Lo literario es también un elemento que jamás abandona su obra, por lo que el tríptico narra historias anónimas con frases que aluden a lo que estos choferes pudieron haber dicho o escuchado antes de un inminente final. El último de los cuadros es la documentación de estos dibujos colocados en vitrinas del Centro Histórico para ser encontradas por el peatón como historias en exhibición que no nos son ajenas en la vía pública.

 

Isabel formó parte del grupo “Imaginaria” en los años ochenta, grupo de artistas que le sirvió de casa para experimentar y formular ideas sobre el rol del arte en relación con su contexto social. Pero para ella, su obra trasciende lo local, y habla del dolor, la pérdida, la violencia y el horror universal. Su trabajo es una prueba personal de que el dolor puede metaforizarse. Así, trabajos como “Homenaje” (1982), son sinceras referencias a su vida y su tiempo. Este es un grabado de principios de los años ochenta, dedicado a su primo, un médico sin fronteras desaparecido por el ejército hondureño en 1982. Su cuerpo fue encontrado dentro de un tronco vacío, y esa historia, como muchas otras nunca abandonó su memoria. Por eso al personaje le crecen ramas, como si “el cuerpo fuera multiplicándose en la naturaleza”, y el perfil le saca la lengua a un féretro cuadrado, como el mundo en el que vivimos. A la vez, el grabado es del color del recuerdo; un sepia que ilustra el pasar del tiempo y la memoria; y fue utilizado como portada para el libro Señores bajo los árboles (1994) de Mario Roberto Morales, publicado por Editorial Cultura.

 

La conciencia crítica de Isabel también se refleja en la serie “Gráficas de Emergencia” (1982 – 1996). Aquí la artista nos presenta personajes que parecen bestias. Estas no son solo criaturas, sino representaciones de los males sociales como el miedo, la codicia o los mismos personajes políticos que aparecen como figuras de inframundo o como toros danzantes que más nos narran historias y tradiciones locales. “Yo veo la sociedad cargada de monstruos”, menciona la artista. Así Isabel, sin timidez, pero nunca desde el panfleto, nos invita a la reflexión sobre una emergencia social, y para ello, parte de un contexto que no ha cambiado en su totalidad, pero que continúa arraigado a una identidad milenaria que usa la danza, la música y la plástica como una vía de sanación personal que también le sirve para comunicar, registrar y denunciar su historia. “No trabajo sin la base de algo real”, dice la artista. “Todo lo que hago, lo trabajo porque responde a algo que viví, pero que cualquiera puede vivir también”, así este Project Room es un recorrido no solo por su obra, sino por su vida.