La Desintegración de la Forma

La Galería the 9.99 tiene el gusto de presentar la exhibición titulada ”La desintegración de la forma”, en la cual se muestran las obras de nueve artistas con un interés particular en el arte conceptual y como su título lo indica en “la desintegración de la forma”.

 

Aún en sus inicios y durante su apogeo a mediados de los sesenta y principios de los setenta, el arte conceptual era difícil de definir. Nadie sabe quién lo inició, quién hizo qué y cuándo, cúal era su filosofía, sus metas y sus políticas. Ninguno de los que estuvieron presentes recuerdan mucho, cada uno cuenta su propia historia y les ha tocado a los académicos y críticos tratar de buscarle pies y cabeza al movimiento—irónicamente muchos de ellos no vivieron esa época ni fueron testigos de esos sucesos. Es por eso que la curadora y crítica de arte norteamericana Lucy R. Lippard en su libro Seis Años: La desmaterialización del objeto artístico 1966-1972 trata de reconstruir esta historia, aunque ella también admite no confiar mucho en su memoria al darnos un contexto de la época artística que le tocó vivir. Según Lippard su esfuerzo se concentró en escribir “un libro de memorias crítico sobre un pequeño grupo de jóvenes artistas que deseaban escapar de la síndrome del marco y pedestal en el que el arte se encontraba a mediados de la década de 1960”.

 

Los artistas en “La desintegración de la forma” también han buscado maneras de expresarse haciendo arte que no necesite enmarcarse o ponerse en un pedestal, sus obras son efímeras, baratas, sin pretensiones donde la idea es de suma importancia mientras que la forma material es secundaria. Las obras de Diana de Solares, por ejemplo, hechas con hierros y alambres retorcidos, cintas de zapatos, cuerdas eléctricas, pedazos de cerámica y otros materiales encontrados son marañas poéticas o dibujos en el espacio como los hubiera definido la artista Venezolana Gego (1912–1994), que se apoyan directamente en el piso o cuelgan del techo, proyectando sombras danzantes sobre la pared. Al rechazar la idea de sobresaltar la obra poniéndola en una base o pedestal, Solares elimina esa barrera invisible que la separa del espectador negándole un estatus especial. Las obras de Edgar Orlaineta también se suspenden del techo como los móviles de Calder y tienen la apariencia de un rompecabezas tridimensional. Cada elemento juega un papel vital en su composición final. En contraste con las obras de Solares que tienen que ver con aspectos formales, los materiales que Orlaineta emplea son seleccionados en base a su interés por el diseño gráfico del norteamericano Alvin Lustig (1915-1955), específicamente las portadas que Lustig diseñó en los años cuarenta para la casa editorial New Directions. Aunque uno creería que la parte focal de la pieza es la narrativa del libro que se incluye en cada una de estas obras y cuyo título le da el nombre a la obra (en este caso A Season in Hell, de la serie New Directions, 2015), en realidad lo que cuenta para Orlaineta es el diseño modernista de la portada con su composición harmónica, su énfasis en la abstracción y los colores complementarios y el uso mínimo de tipografía. Fue esta rigurosidad la que le dio fama a Lustig, quien creía que el buen diseño debía permear todos los aspectos de la vida de una persona, idea que persiste aun hoy en día en la creencia de que la forma es importante en la funcionalidad del diseño en general.

 

El diseño gráfico de las portadas de revista apenas se vislumbra en la obra de Christian Dietkus Lord sobre las cuales el artista pinta una serie de composiciones circulares basada en la práctica Zen de pintura Ensō. Esta práctica dicta que el círculo debe ser trazado con una sola pincelada, la cual una vez hecha no se puede alterar. Este gesto pone en evidencia el carácter de su creador y el contexto de su creación, en un breve período contiguo de tiempo. Tradicionalmente este tipo de pintura se hace en tinta negra sobre un papel blanco muy fino. En Northern Shell (2011) Dietkus Lord usa una variedad de colores para trazar círculos concéntricos que van obscureciendo deliberadamente el texto que revela el contenido de las revistas, entre ellas está Attitude, una revista que se especializa en artículos sobre la homosexualidad como un estilo de vida para una generación post-SIDA.

 

Los círculos irregulares que aparecen en las Transparencies (2015) de Alfredo Ceibal tienen su origen en los cráteres de los volcanes y en los lagos que en ellos se forman. El artista los define como “mantras abstractos” que dependiendo de la pureza del cuerpo de agua pueden ser definidos como “pozas benignas” o “pozas malignas”. Son también lugares que invitan a la meditación por su altura y ubicación geográfica, así como por la exuberancia de una naturaleza poco contaminada haciéndonos sentir como parte de un todo cósmico y un universo en paz. Su serie de dibujos titulada Diálogos (2015) representa vagas formas humanas en comunicación una con la otra. Según el artista éstas denotan distintos tipos de conversaciones que recurren “al idioma, al rito, la danza, la música, las letras, el lenguaje corporal y la mirada, con el fin de darse a entender mutuamente”. Para Ceibal “el gran valor del diálogo no puede ser subestimado pues es el componente crucial para la comunicación y la equidad en las relaciones humanas”.

 

La comunicación tan importante para el buen funcionamiento de la sociedad se encuentra interrumpida en la obra de Ronny Hernández Salazar. Vol-cán (2014) es un archivero con las gavetas abiertas llenas de arena. La acumulación ha ido formando un volcán de arena que cubre los documentos que supuestamente se encuentran archivados allí. Vol-cán es una metáfora de la falta de justicia, representa casos judiciales que se han quedado en el olvido, suspendidos en el tiempo, esperando por una resolución que quizás nunca va a llegar. La fragilidad de la existencia se refleja en El final de las palabras (2004) de David Sánchez en la cual el aire de un ventilador esparce por el piso polvo de mármol formando una fina tela blanca donde los visitantes dejan sus huellas al caminar sobre éste. Con su movimiento de aire continuo el ventilador las borra para dejar que otros las marquen de nuevo. Registrar y borrar huellas es un ejercicio que se podría repetir ad infinitum donde la presencia humana es plasmada sobre un lienzo de polvo de mármol como en las lápidas que acompañan a las sepulturas.

 

Otros artistas en la exposición son Diego Sagastume con fotografías de imágenes que muestran la condición de humedad del asfalto, una pared deteriorada, el óxido sobre un ducto de ventilación que refleja un atardecer o un piso de concreto colado. Sebastián Preece muestra la fotografía de un libro que fue parte de una biblioteca importante pero por el descuido y el pasar del tiempo se ha ido desintegrando. tepeu choc está presente con una obra hecha con malla para cernir e hilos de colores, obra que define como la radiografía de una escultura. Formas de comunicación, pseudo-alfabetos, tipografías, abstracciones que se desbordan, materiales frágiles que desaparecen con el tiempo, estas son algunas de las preocupaciones constantes de los artistas en “La desintegración de la forma”.