La Delgada Línea

Galería the 9.99 se complace en anunciar La delgada línea. La muestra reúne a un grupo de artistas jóvenes emergentes, liderados por Aníbal López (A1- 53167), uno de los mayores exponentes del arte contemporáneo guatemalteco y recientemente fallecido. La delgada línea toma como punto de partida el trazo básico que usualmente se hace al poner lápiz sobre papel, enfocando este acto en tres elementos principales: el  punto, la línea y el plano que no solo se concibe como una superficie, sino también como un espacio de tiempo y lugar.

 

La selección conformada por los guatemaltecos  Marilyn Boror, Tepeu Choc, Jorge Linares, Antonio Pichillá, Gabriel Rodríguez Pellecer, Diego Sagastume e Inés Verdugo, por el Salvadoreño Mauricio Esquivel y por el norteamericano Adam Winner da una amplia visión de como cada artista utiliza la línea en su potencial expresivo y conceptual. La línea es el común denominador que une a todas las obras que aquí se presentan y que le otorga el título a la exposición, en donde también se plantea esa delgada línea como la frontera que separa varias disciplinas que se difumina, al incluir piezas que se pueden considerar como dibujos pero que se ejecutan desde la fotografía, escultura, acciones, instalaciones y video.

 

Nacido en 1991, Diego Sagastume es el más joven de todos. Su obra refleja su afición por la nueva tecnología. De formación autodidacta, Sagastume adopta las aplicaciones para las tabletas y los teléfonos inteligentes como Google Maps y las utiliza como punto de partida para producir obras idiosincráticas, astutas y con sentido lúdico como “Atardecer” (2014). A pesar de su reciente incorporación al ambiente artístico—su primera participación como artista fue en la exposición “Video políticas de construcción y reacción” que tuvo lugar en el Museo Tecleño (MUTE) de Santa Tecla, El Salvador en 2012—Sagastume ha capturado rápidamente  la atención de curadores extranjeros con muestras en Chile y Colombia y por supuesto también en su nativa Guatemala.

 

La obra de Mauricio Esquivel tiene un componente performativo que no siempre es evidente. En “Líneas de referencia” (2010), el artista se hace fotografiar mostrando un torso joven y de piel tersa dividido por una sutil línea roja. Hecha por un profesional del tatuaje, la línea indica la manera en que el médico forense conducirá la autopsia del artista cuando llegue el momento. Impactante en su significado, la obra toma como referencia los estudios médicos de Rembrandt . La imagen también nos recuerda el cuerpo joven de un Jesucristo crucificado.

 

Mostrar un cuerpo marcado es también parte de la obra de Inés Verdugo quien por medio del video capta las marcas que deja en su piel la ceñida prenda de ropa interior. En contraste con la acción de Esquivel, quien llevará el tatuaje por el resto de su vida, las cicatrices de Verdugo son temporales ya que desaparecen poco a poco después que se quita la prenda íntima. Sin embargo “Cicatrices” (2014) nos hace ver que las marcas no desaparece del todo ya que al ser captadas en video representan la concretización de cicatrices mentales que se forman en el psiquis femenino cuando la mujer se ve obligada a no poder prescindir de esta prenda incómoda.

 

 

Tepeu Choc usa un sistema similar al de Alarcón Lam cuando utiliza elementos de aluminio pintados de varios tamaños, para construir un mural que parte del concepto del punto y la línea con típicos materiales de construcción. La diferencia está en que mientras la obra de Alarcón Lam es totalmente abstracta, monocroma y contenida, Tepeu Choc define “(Sección o Fragmento) de línea” (2014) como un mural dinámico que se expande o se contrae según el tamaño del espacio disponible.

 

Haciendo su debut en galería the 9.99, están Jorge Linares con la fotografía digital de gran formato “Calle Martí” (2013); Gabriel Rodríguez Pellecer con “Hoja” (2013), una escultura conformada simplemente por dos bisagras que delicadamente sujetan la hoja de papel llevando el plano al campo de lo tridimensional; Antonio Pichillá con “Punto de Fuga” (2004), toma un televisor antiguo cuya pantalla muestra una línea luminosa que la atraviesa horizontalmente—el uso del televisor como obra de arte es una referencia directa al “padre” del video, el artista coreano Nam June Paik, quien lo utilizó como un reconocimiento a la importancia de las nuevas tecnologías de la época; Marilyn Boror con “Kaqchiquel-slash-Kaxlan” (de la serie para no olvidar sus nombres) (2014), una acción repetitiva e insistente como lo es la memoria del hombre ante la injusticia social; y Adam Winner con dos pinturas al óleo, Untitled y Untitled XII (ambas 2014), en estilo geométrico abstracto en el que sobrepone planos de lino pintados por capas de óleo.

 

Galería the 9.99 lamenta el reciente fallecimiento de su artista visual, Aníbal López (A1- 53167) y le rinde homenaje con las obras: “Línea recta”, “Sin título” (ambas 2013) y la edición “Línea en bronce” (2014). Visceral en apariencia y concepción, “Sin titulo” consta de seis trozos de madera marcados por una descarga de ametralladora. El impacto de los proyectiles es una acumulación de puntos grabados en la madera, que en su secuencia evidencian una serie de líneas dejadas por la trayectoria de los proyectiles. Existe una versión ejecutada en trozos de mármol. Como antecedente podemos recordar (Sin título, 2007) pieza que formó parte de la exposición “Ejercicios de lo efímero” y que consistió en disparar a una pared interior en el Centro Cultural de España.